
“Las 20:00 hrs.”
Algunas personas piensan que los animales son eso y nada más, y que triste es lo que se pierden al no valorar la real importancia que tienen cuando los hacemos parte de nuestra familia, y es así como fue nuestra Amanda, siempre será nuestro angelito que llego para regalarnos un cariño inmenso, un amor puro, verdadero y maravilloso.
La descripción de los perritos Beagle, dice que tienen un temperamento terco y obsesivo, que necesitan un amo amable y muy tolerante, ya que estos perritos siempre tratan de conseguir sus propósitos variando de estrategias constantemente. Su expresión es atractiva, amable y cariñosa, con esa carita de yo no fui, sus ojos grandes y las orejas péndulas los hacen ver una con una ternura muy especial y dan ganas de consentirlos y mimarlos, en todo momento, quieren estar al lado de los que quieren, requieren demasiada atención y se las ingenian para que se esté pendiente siempre de ellos y todo el tiempo posible.
Nuestra Amanda, era así y tenía tantas formas de llamar nuestra atención, su forma de mirar, cada ladrido era distinto, para cuidarnos, recibirnos, jugar, y por sobre todo, para avisarnos que era hora de comer, en la mañana me despertabas antes que la televisión se encendiera, para saludarme y que no se me olvidara que debía darte la primera parte de tu desayuno, si digo primera parte, porque la segunda nunca se te olvido pedirla insistentemente a tu papá, y si se olvidaba, ibas y de su solo golpe empujabas la puerta de nuestra hija, para despertarla en vacaciones y exigir tu segunda parte del desayuno, estabas muy gordita, y había que racionar tu comida en pequeñas porciones, pero con sólo mirar y moviendo tu colita sin parar, era tu aviso; a las 14:00 hrs. ya estabas avisando que te tocaba almorzar, no olvidabas esa hora, no importaba que el fin de semana tomaras desayuno más tarde, la hora de almuerzo no se transaba, parecía que tenías un reloj en tu guatita, ese reloj que se despertaba todos los días cuando tu papá llegaba del trabajo y exigías tu galleta, hasta tus último días cuando estabas enfermita, nunca olvidaste pedirle su galleta, eran cómplices, en ese instante que ambos se regalaban un amor incondicional.
Pero sin duda la hora que nunca olvidaremos era la de las 20:00 hrs., la hora de la galleta, el fin de semana en la tarde, siempre estabas con nosotros, y si dormías, te despertabas en punto, para regalarnos la hermosa y divertida manera de llamarnos la atención, te ponías de espalda y nos mirabas al revés, te movías de un lado a otro, y si no te hacíamos caso, te parabas y nos ladrabas, y si eso tampoco resultaba, nos dabas un besito y pegabas tu carita con la nuestra, y eso era lo que yo esperaba, la mayoría de las veces te pedí un besito y lo recibí con todo ese inmenso cariño que nunca dejaste de darme, y que hoy ya no tengo, pero que espero algún día me lo des de bienvenida, cuando volvamos a encontrarnos.
